Carta sin destino
Hoy recuerdo el día que me enamoré,
sí, me enamoré.
Todavía no puedo explicar como pasó,
sólo vi unos ojos mirándome
y mi corazón se elevó al Sol para
fundirse con él,
aquellos ojos verdes que arrancaron mi alma
y se la robaron de una sola vez.
Siento frío, he prendido un
cigarrillo y la recuerdo,
el humo forma su rostro,
recuerdo el día en que la besé,
como sus labios al tocar los míos
totalmente se congelaron,
sentí su miedo y la abrasé.
Volamos juntos por el cielo dejándonos
llevar por el viento,
pero al bajar de nuevo, la maldita mente traicionó al sentimiento
y creí encontrar algo más perfecto.
Me he sentado a contemplar la Luna ,
las estrellas se acercan a mí y me susurran al
oído,
siento la misma sensación que ese día,
aquel palpitar acelerado cuando ella decía
adiós
y se marchaba con el viento,
como el humo de este cigarrillo.
Seguí el camino del destino,
quien me llevó con ella de nuevo,
pero el orgullo no dejo actuar a la razón.
¡Cómo llore ese día!, tanto como lo hago hoy.
Cae una lágrima sobre mi mano
y me hace pensar, cómo es que el
tiempo deja tantos recuerdos,
tantos recuerdos que hoy llegan y se adentran
en mi ser.
El viento mueve mi cabello.
Como recuerdo su cabello con aroma a mí y a
ella,
todavía sueño con él sobre mi cara
cuando la besaba.
Tantas cosas que hoy recuerdo,
pero dentro de ellas, solo quiero
recordar que me enamoré,
sí, me enamoré.
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