MÉXICO, ENTRE DIOS Y EL DIABLO.


Si a ustedes les preguntaran sobre el sentimiento regionalista, ¿Qué preferirían? ¿Considerarse norteamericanos o latinoamericanos?
Una de las tendencias económicas actuales a nivel mundial, es el regionalismo, esto quiere decir que las relaciones comerciales o políticas que llevan a cabo los países, tienden a cerrarse en un circulo  hermético, ya sea geográfico, ideológico, religioso, etc. El ejemplo más claro que tenemos en la actualidad es la unión europea, aunque existen muchos casos como este, aunque de menor intensidad.
El regionalismo se comienza a utilizar por los países como una medida de reducir costos de transporte, Marítimo o Aéreo, en sus transacciones de comercio internacional y debido también a los riesgos que conlleva el trasladar mercancía a grandes distancias.
La historia del regionalismo en México ha jugado un rol importante a lo largo de la historia. Después de la revolución, comienza el primer paso de la participación mexicana en Latinoamérica. Para los años 30’s, México es el líder económico y político de la región, y comienza la idea de integración Latinoamericana. A lo largo de los años, México pierde fuerza de acción y es cuando países como Argentina, Brasil y actualmente Chile, comienzan a tomar la batuta de líderes en Sudamérica. En 1980, se crea ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración), dando la idea de una sola comunidad, tal como lo soñaron Simón Bolívar o Ernesto “Che” Guevara. Además de las cuestiones antes mencionadas, siempre ha habido un fuerte lazo cultural entre los países latinoamericanos, compartimos tradiciones, historia y compartimos también un fuerte modelo de identidad en el mundo y sobre todo en los negocios, lo cual nos permite ser bien recibidos en cualquiera de los países de la región.
El otro lado de la moneda es la cooperación económica y sobre todo política con la región norte del continente, Estados Unidos de América y Canadá. Esta relación es menos complicada y menos filosófica  que la anterior, sin embargo, es mucho más fuerte. En 1994 se firma el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), con la intención de asegurar el comercio entre estas tres naciones y sobre todo, y me gustaría asegurar que esto está asentado en el mismo tratado, crear una región comercial, donde se cumplan las tres condiciones de libertad regional; libertad de tránsito de mercancías, libertad de tránsito de personas y libertad de tránsito de divisas. Las discusiones sobre el cumplimiento de estas libertades, no las abordaremos en esta ocasión. En el 2005, se creó ASPAN (Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte), lo cual significa un avance militar en la zona, creando una unión de protección. También en ese año se comenzaron las negociaciones para la creación de una moneda común, “EL AMERO”, lo cual unificaría en totalidad el sistema monetario de estas tres naciones, México, Estados Unidos de América y Canadá. Y por supuesto tenemos el asunto más importante de todos, la gran cantidad de mexicanos que viven en E.U.A. y el hecho que el 80% de las exportaciones mexicanas, se dirigen a este mismo país.
Leyendo y sabiendo todo lo anterior, entenderán el título del documento, pues es verdad que México carga con la desgracia de estar en el medio de Norteamérica y Latinoamérica y a lo largo de la historia, nunca ha podido decidir su postura de a qué región pertenece en realidad; y en realidad nunca había sido tan necesaria esa postura, hasta ahora que las condiciones actuales, económicas, exigen que escoja un bando para regionalizar su comercio y política.
La pregunta aquí será, y la dejo a libertad de conciencia para cada uno de ustedes, ¿Debemos seguir a Dios (Latinoamérica) y convencernos que las conexiones de idioma y tradiciones son lo más importante para nosotros y crear la región latinoamericana, y juntos buscar competir al mundo? O ¿Debemos refrescar nuestro pacto con el Diablo (Norteamérica) y tener una seguridad monetaria, militar y política ante el mundo, que nos permita crecer como país, y a su vez fortalecer la región del norte, unificarla todavía más, unificar monedas, fronteras y de esta manera poder competir con la Unión Europea, China, y cualquier otro enemigo económico?
Sea cuál sea su respuesta, deberán saber que México, pase lo que pase, siempre será el mediador entre E.U.A y Sudamérica, por lo cual siempre estará entre Dios y el Diablo.

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